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Los últimos paganos de Irak

SINGAPUR – Ahora que el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha ordenado a última hora realizar ataques aéreos y dejar caer desde el aire paquetes de ayuda humanitaria con alimentos y provisiones para los refugiados del norte de Irak, finalmente el mundo está tomando medidas contra el Estado Islámico (EI). En cosa de unos cuantos meses, el grupo yihadista, que hasta hace poco se autodenominaba el Estado Islámico de Irak y Siria, ha logrado controlar grandes áreas de ambos países, donde proclamó un nuevo “Califato”. Pero la verdadera razón para temerlo no es su apetito por el poder, sino la manera sistemática y fría en que está aniquilando el pasado social, cultural y demográfico de la región.

En unas cuantas semanas, el EI prácticamente ha borrado la totalidad de la población cristiana y musulmana chií de las tierras que controla. Ya no quedan cristianos en la Mosul, donde residían algunas de las comunidades más antiguas de esta religión. En una campaña contra la idolatría se han destruido en público artefactos asirios de incalculable valor.

De hecho, ni siquiera sus correligionarios suníes que no comparten su interpretación extrema del Islam han corrido mejor suerte: el EI ha demolido varios santuarios muy reverenciados, entre ellos uno del que se decía era la Tumba de Jonás.

Con todo lo terrible que suena esto, lo peor de la persecución ha estado dirigida a los yazidíes, un antiguo grupo religioso que habita entre los kurdos, compuesto por menos de medio millón de personas, de las cuales dos tercios viven cerca de la ciudad de Mosul, en el norte de Irak. El resto vive repartido en los países vecinos, como Siria, Armenia y Turquía. En Alemania y Estados Unidos existen comunidades de inmigrantes recientes.