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Rehacer el Irán

TEHERÁN – El Presidente Hasán Rouhaní marcó recientemente el final de este primer año en su cargo no sólo con sonrisas, sino también con más pruebas de sus gestiones con miras a la reforma interior y la reorientación geoestratégica. En el caso del Irán, esos dos imperativos han ido a la par durante mucho tiempo.

Rouhaní dice ahora que el Irán estaría dispuesto a colaborar con los Estados Unidos en el Iraq. La terrible amenaza –tanto para los intereses iraníes como para los de los EE.UU – que representa el Estado Islámico (antes, Estado islámico del Iraq y Siria) ha aproximado, evidentemente, a los dos países. En los días posteriores al aniversario de la elección de Rouhaní, el ministro de Asuntos Exteriores del Irán, Mohammad Javad Zarif, venció su anterior reserva y expresó optimismo sobre la consecución de un  acuerdo internacional sobre el programa nuclear de su país en el plazo original del 20 de julio, a más tardar.

Si se puede lograr la aproximación a Occidente, la retirada de las sanciones internacionales debidas al programa nuclear daría un enorme impulso a la política económica de Rouhaní y en eso es en lo que éste ha invertido gran parte de su energía y capital político.

Al ocupar el cargo, Rouhaní tenía una prioridad clara: arreglar una economía devastada por ocho años de desgobierno demagógico del ex Presidente Mahmoud Ahmadinejad. Substituyó a los incompetentes matones de Ahmadinejad por un gabinete bastante capacitado y administradores expertos y se ha lanzado a un ambicioso programa de desarrollo económico, ampliación de la atención de salud y protección medioambiental.