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Saddam y los árabes

Con el término del régimen de Saddam Hussein, ha salido a la luz todo el alcance de su brutalización del pueblo iraquí. Se han desenterrado las fosas comunes y se han abierto las cámaras de tortura. Innumerables iraquíes ahora narran abiertamente las horripilantes historias del asesinato y desaparición de sus seres queridos.

En los demás estados árabes, los líderes políticos y los medios de comunicación no han puesto mucho énfasis en estos aspectos del gobierno de Saddam. Tienen buenas razones para evitar un examen tan detallado. Muchos de ellos se beneficiaron directamente de su régimen. Analizar lo que hizo en Irak significa mirar en detalle el papel propio en el apoyo a más de tres décadas de brutalidad.

El apogeo de las relaciones de Saddam con el mundo árabe ocurrió durante la guerra entre Iran e Irán, en la década de 1980. El ataque de Saddam a Irán calmó los temores de los regímenes árabes de que el Irán del Ayatolá Jomeini exportara su revolución islámica. El último monarca jordano, el Rey Hussein, incluso acompañó a Saddam a inspeccionar el frente de batalla. Los estados del Golfo, especialmente Arabia Saudí y Kuwait, ofrecieron a Saddam un considerable apoyo financiero y comunicacional.

Los centros de poder de Egipto, tales como su ejército y sus hombres de negocios, periodistas y partidos ideológicos, jugaron un papel prominente en el apoyo a la guerra de Saddam contra Irán. Siria fue la única excepción en este coro de aprobación árabe, debido a que su último líder, el Presidente Hafez al Assad, se había puesto del lado de Irán.