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EMBARGADA HASTA EL DOMINGO 5 DE JULIO

Por Archbishop Desmond Tutu

Johanesburgo – Una promesa a los pobres es particularmente sagrada. Es un acto de gracia y gran liderazgo cuando se hacen todos los esfuerzos para mantener estos pactos, y es por eso que aquellos países del G-8 que más se están ocupando de los más pobres, especialmente de los que viven en África, merecen mucho reconocimiento.

Sin embargo, los que elogiamos también debemos estar dispuestos a censurar donde es claramente merecido. Me entristece que grandes países como Italia y Francia estén yendo en la dirección equivocada y no cumplan con las promesas que hicieron hace cuatro años en la cumbre del G-8 en Gleneagles, Escocia. Todos debemos hacer campaña para alentar a los líderes en las próximas cumbres del G-8 a normalizar la situación y hacer lo que corresponde.

Por supuesto, el desarrollo africano debe estar impulsado por los ciudadanos africanos -de todas las áreas de la sociedad-. Pero también necesitamos y recibimos con beneplático el respaldo internacional en nuestra lucha contra la pobreza y la injusticia. Esto implica respaldo de los gobiernos, así como de los buenos ciudadanos en países como Italia.