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El blanco móvil de la presidencia rusa

Hace poco, un pequeño incidente provocó un gran revuelo en la política rusa. Un asistente del Presidente Vladimir Putin, Igor Shuvalov, dijo que era realista esperar la aparición de una nueva persona a la que Putin consideraría como su sucesor potencial. Esta declaración cayó como bomba y generó una explosión de comentarios.

Esto no tiene nada de extraño. De algún modo, la cultura política algo arcaica de Rusia personifica demasiado el poder. Las percepciones y evaluaciones sobre el futuro del país frecuentemente dependen en gran medida de la personalidad de su líder, su determinación y sus cualidades morales e intelectuales.

Además, Putin mismo está interesado en mantener la incertidumbre con relación a su sucesor tanto como sea posible. De ese modo evita que su autoridad se vea dañada al convertirse en un presidente paralizado, debido, particularmente, a la burocracia servil de Rusia y a la ausencia de instituciones confiables y tradiciones respetadas para llevar a cabo una transferencia sin incidentes del poder.

Por último, los distintos clanes que rodean al Presidente durante mucho tiempo han tratado de promover a sus propios candidatos a la sucesión. Ya se han hecho declaraciones similares a la de Shuvalov y se puede esperar que haya más.