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Tomando distancia de Musharraf

Cómo han cambiado los tiempos al hombre. El acosado presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, declaró una vez: “No soy para nada un político, no creo estar hecho para la política”. Ocho años después de llegar al poder y exiliar a sus principales opositores civiles, el general está moviendo cielo y tierra para aferrarse a su cargo político.

Si bien se hizo con el poder mediante un golpe sin sangre, había pocas dudas acerca de su popularidad en esos días. La gente estaba cansada de un régimen civil marcado por la corrupción y el caos económico. La franqueza e integridad que demostraba Musharraf resultaron atractivas para el hombre de la calle y le significaron una legitimidad de facto .

El general, que presentaba como su modelo al padre de la Turquía moderna, Kemal Atatürk, también parecía representar una visión acerca de su país que combinaba crecimiento económico y apoyo a los impulsos secularizadores. Sin embargo, con su falta de voluntad para buscar apoyo en las urnas para su régimen y sus políticas, Musharraf logró socavar ambos aspectos. A lo largo de los años subsiguientes falseó plebiscitos, amenazó al poder judicial y pidió apoyo a los partidos islamistas para apuntalar su gobierno. La visión modernizadora del presidente se convirtió en la miopía ansiosa de poder de un dictador.

Musharraf admitió en la televisión este año, "Sí, ha bajado mi popularidad". Claramente, no supo comprender que no se trataba sólo de índices de aprobación. El centro político de su régimen se había vuelto vacío.