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Una gestión de riesgos arriesgada

LONDRES – La corriente principal de la economía subscribe la teoría de que los mercados “borran y reinician” continuamente. La idea fundamental de dicha teoría es la de que, si los salarios y los precios son totalmente flexibles, se emplearán plenamente los recursos, por lo que cualquier sacudida del sistema provocará un ajuste instantáneo de los salarios y los precios a la nueva situación.

Esa capacidad de reacción a escala del sistema depende de que los agentes económicos dispongan de una información perfecta sobre el futuro, lo que resulta manifiestamente falso. No obstante, según la corriente principal de la economía, los agentes económicos cuentan con información suficiente para que su teorización se base en una dosis suficiente de realidad.

El aspecto de la teoría aplicable en particular a los mercados financieros se llama “teoría del mercado eficiente”, que debería haber saltado por los aires con el desplome financiero del pasado otoño, pero dudo que así haya sido. Hace setenta años, John Maynard Keynes señaló su falacia. Cuando se producen sacudidas del sistema, los agentes no saben lo que ocurrirá a continuación. Ante esa incertidumbre, no es que reajusten su gasto, sino que dejan de gastar hasta que se aclare la niebla, con lo que la economía entra en barrena.

Lo que se propaga por todo el sistema no son los ajustes, sino la sacudida. El inevitable déficit de información obstruye todos esos mecanismos que funcionan sin problemas –es decir salarios y tipos de interés flexibles– postulados por la corriente principal de la economía.