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La recuperación verde de Europa

BRUSELAS – La necesidad de contar con energía limpia volvió a ocupar un lugar prioritario en la agenda económica global. Los nuevos líderes de China ahora parecen reconocer que el esmog espeso y peligroso que cubrió a Beijing y otras ciudades es más que un problema de contaminación; es el resultado de un énfasis excesivo en la planificación económica a corto plazo.

De la misma manera, en su segundo discurso inaugural, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, le dedicó más tiempo al cambio climático que a cualquier otro tema y dijo: "No podemos ceder a otras naciones la tecnología que generará nuevos empleos y alimentará nuevas industrias". En el Foro Económico Mundial en Davos, la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, sorprendieron a los líderes empresariales y gubernamentales con sus advertencias de que una recuperación económica genuina sería imposible sin una acción seria en el terreno del cambio climático. Y, en la cumbre más reciente de la UE, los líderes acordaron comprometer al menos el 20% del total de su presupuesto común en inversión relacionada con el clima.

Estos acontecimientos sugieren que los líderes globales finalmente están empezando a entender que, más allá de la crisis económica global, el mundo está experimentando una crisis social y de empleo, así como una crisis de clima y recursos. Y ninguna de estas crisis se puede resolver si no se resuelven las demás.

Es más, los principales competidores comerciales de Europa han comenzado a admitir que centrarse en políticas de desarrollo a corto plazo, a la vez que se ignoran las amenazas a largo plazo para la economía global, es irresponsable y un error estratégico para quienes aspiran a un liderazgo global en el siglo XXI. Si bien hace décadas que los europeos son conscientes de ello, tras la reciente crisis económica, los objetivos inmediatos se volvieron prioritarios -muchas veces a expensas de los objetivos a largo plazo.