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Un nuevo impulso para el Magreb

A la hora de promover el buen gobierno y el desarrollo económico en el mundo árabe, la Unión Europea y Estados Unidos no deberían olvidar el Magreb. Europa no puede ignorar los enormes retos políticos, sociales y de seguridad que confronta esta región, y los Estados Unidos no pueden dejar de lado a esa parte del norte de África en su lucha global contra el terrorismo. Hace falta lanzar iniciativas nuevas y ambiciosas – pero también pragmáticas – en las que se combinen los esfuerzos de los protagonistas locales y los actores externos.

La situación de partida no es satisfactoria. La economía argelina depende masivamente de las exportaciones de petróleo y gas, la marroquí se basa en la agricultura (cuya producción obedece en gran medida a la meteorología) y las remesas de emigrantes, mientras que la economía tunecina está íntimamente ligada a los ciclos de demanda europea y al turismo.

Una población muy joven representa un desafío constante para las políticas educativa y de creación de empleo en todo el Magreb. Además, la disputa del Sahara occidental continua frenando una plena normalización de las relaciones entre Argelia y Marruecos.

La Unión Europea es el socio más importante de los países del Magreb, puesto que la parte del león de sus intercambios comerciales (más de dos tercios) se realiza con Europa. Por un lado, existen vínculos bilaterales intensos entre los estados del norte y del sur del Mediterráneo occidental; por otro, el proceso de Barcelona es un diálogo comprehensivo entre la UE y sus vecinos mediterráneos que incluye acuerdos de asociación. Finalmente, un foro de debate político, el Grupo 5 + 5, reúne a Argelia, España, Francia, Italia, Libia, Malta, Marruecos, Mauritania, Portugal y Túnez. Por su parte, Estados Unidos lleva a cabo una serie de acciones específicas para promover el buen gobierno y la democracia en la región.