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Incluir a Europa en el presupuesto de la UE

La mayoría de los observadores independientes concuerdan en que el presupuesto de la Unión Europea ya no refleja sus principales tareas y objetivos de política general. La ayuda a la agricultura, sector en decadencia, consume más del 40 por ciento del gasto, mientras que se gasta poco para el futuro (investigación e innovación) o en sectores en los que la UE debe hacerse cargo de nuevos cometidos, como, por ejemplo, la seguridad interior y exterior.

Además, las contribuciones con cargo a los presupuestos nacionales constituyen la inmensa mayoría de los ingresos. Los gobiernos de los Estados miembros consideran dichos ingresos “su dinero” y los comparan con “las sumas percibidas” por ellos. De modo que las negociaciones sobre el presupuesto de la UE se basan exclusivamente en lo que las haciendas nacionales deben pagar y lo que los agricultores y las regiones de su país recibirán. Los ciudadanos europeos no tienen una idea clara del costo total y sólo están interesados en preservar indefinidamente las transferencias a su favor.

El alejamiento cada vez mayor del presupuesto respecto de los objetivos de la Unión se debe a procedimientos de adopción de decisiones que autorizan al Consejo Europeo, que representa a los gobiernos miembros, a adoptar todas las decisiones importantes conforme a una regla de unanimidad, mientras que el Parlamento Europeo y la Comisión Europea están limitados a un papel de menor importancia.

En las negociaciones sobre el nuevo marco fiscal multianual para el período 2007-2013, que ya están en marcha, no se está abordando esa cuestión, porque los intereses a largo plazo de la UE están ausentes de la mesa negociadora. Ninguna de las dos propuestas que están sobre la mesa tiene sentido. La Comisión propone que se aumenten las consignaciones presupuestarias hasta el 1,24 por ciento del producto nacional bruto combinado de la UE. Sin reducciones en el gasto dedicado a la agricultura, las aportaciones nacionales de los contribuyentes netos aumentarían hasta niveles insostenibles sin que por ello se añadiera demasiado valor a las políticas comunes.