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El encanto autoritario del putinismo

PARÍS – Hay en Europa occidental un fenómeno sorprendente y cada vez más visible: partidos de extrema derecha que abandonan sus ideologías tradicionales anticomunistas y antirrusas, y que en muchos casos expresan admiración (e incluso apoyo explícito) hacia el régimen del presidente ruso Vladímir Putin.

Es verdad que también buscaron una alianza con Putin diversos líderes europeos (actuales y pasados). Por ejemplo, inmediatamente después de dejar el puesto de canciller alemán, Gerhard Schröder se integró a la junta del proyecto de gasoducto Nord Stream (que garantizaba a Alemania acceso directo al suministro ruso a través del mar Báltico). Asimismo, The Economist describió al ex presidente checo Václav Klaus (prominente euroescéptico) como uno de los “admiradores extranjeros más entusiastas” de Putin. Pero oportunismo no es lo mismo que afinidad ideológica.

En cambio, el Partido Nacionaldemócrata de Alemania (de extrema derecha) manifestó su nostalgia de las virtudes de los alemanes del este y proclamó que la difunta República Democrática Alemana era “una Alemania mejor” que la República Federal. En 2011, el PND se fusionó oficialmente con otro partido de extrema derecha, la Unión del Pueblo Alemán, vinculada por mucho tiempo con el Partido Democrático Liberal de Rusia (PDLR) y con su fundador y líder, el ultranacionalista Vladímir Zhirinovsky.

A pesar de haber sido siempre un miembro destacado de la oposición a Putin, también Zhirinovsky mostró tendencias autoritarias similares; por ejemplo, cuando prometió que en caso de resultar electo presidente instituiría un estado policial. Y sus lazos con el comunismo son claros. Además de que la fundación del PDLR fue un proyecto conjunto entre el Partido Comunista de la Unión Soviética y la KGB, Zhirinovsky también se expresó a favor de devolver a Alemania los territorios orientales que perdió en la Segunda Guerra Mundial (y que incluyen gran parte de Polonia y la región del Báltico).