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¿El verdugo involuntario de Putin?

MOSCÚ -- La pregunta sobre si Vladimir Putin permanecería o no en el poder –tema en torno al cual giraban los debates en la política rusa y en el exterior-- ya se contestó. Sí y no.

La elección del acólito de Putin durante mucho tiempo y al que éste personalmente eligió para sucederlo, Dmitri Medvedev, como presidente de Rusia significa que Putin está desprendiéndose formalmente de toda la pompa del poder del Kremlin. Sin embargo, actualmente parece que lo único que está dejando Putin es el saludo de los 21 cañonazos y el asiento principal que establece el protocolo- si acaso. Al decidir convertirse en el primer ministro del Presidente Medvedev, Putin siente que está más cerca del poder porque tendrá el control del gobierno minuto a minuto.

Esta transferencia extraña de cargos pero no de poder –que tal vez es una ligera mejoría comparada con los gobernadores del sur de Estados Unidos que solían dejar como sucesoras a sus esposas cuando expiraba su periodo gubernamental- es el escenario de Putin. Sin embargo, ¿qué pasaría si no es el de Medvedev?, ¿Y si después de algunos años Medvedev se independizara de su patrón como Putin lo hizo de Boris Yeltsin, el hombre que lo entronizó en el Kremlin? Si eso sucede, será conveniente conocer, si la tiene, la postura de Medvedev.

Hay algo de Medvedev que salta inmediatamente a la vista: sus vínculos con los siloviki, la ex KGB y los militares que han dominado durante la era de Putin, son indirectos. Como abogado experimentado, debería entender, en principio, la importancia del Estado de derecho. Y, como viceprimer ministro desde 2005, supervisó los proyectos prioritarios nacionales de Rusia (un conjunto de políticas para desarrollar el bienestar social) lo que le permitió conocer con más claridad que cualquiera de los siloviki , concentrados en obtener  y mantener su  poder personal, las profundas fallas de Rusia.