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Las ambiciones neoimperiales de Putin

Cuando se aproxima la reelección de Putin el 14 de marzo, es el momento de hacer balance de su presidencia. Lo más importante que ha sucedido durante su mandato ha sido la estabilización de Rusia. Con la estabilidad se ha revelado la faz de la Rusia del siglo XXI.

Lo que gran parte del mundo ve en la Rusia de Putin es un régimen neoautoritario basado en un capitalismo dirigido por el Estado, vinculado con la burocracia gobernante y flanqueado por una sociedad civil inmadura. Desde el punto de vista del poder puro y duro, Rusia es claramente inferior a la antigua Unión Soviética. Esta Rusia no es capaz -ni está deseosa- de lograr la integración completa con Occidente.

Pero, aun debilitada como sin duda está, la Rusia de Putin sigue considerándose una gran potencia. La minoría gobernante rechaza la posibilidad de transformar a Rusia en un socio subalterno de los Estados Unidos o un miembro sin importancia de Occidente. Por lo que se refiere a la minoría selecta de Rusia, la Realpolitik en el siglo XXI es una fusión de geopolítica y geoeconomía, a la que se suma la fuerza militar. La ideología y los valores desempeñan un papel poco importante.

De modo que Putin no considera unas relaciones más estrechas con Occidente un imperativo ideológico, sino un recurso para la modernización económica de Rusia. En las relaciones con los Estados Unidos y la UE, Putin quiere elevar la categoría de Rusia. Ése es el objetivo que persigue su política de modernización.