Invertir en finales felices

LONDRES – Las inversiones públicas y privadas en la economía real han sido blanco de ataques desde el comienzo de la crisis financiera de 2008. En tiempos difíciles puede parecer lógico hacer recortes en las inversiones a fin de generar dividendos aunque solo a largo plazo, y por ende, seguir teniendo dinero y recursos para abordar problemas de corto plazo. De hecho, los recortes en inversiones para nuestro futuro –ya sea en las personas, en el planeta, en instituciones políticas o en empresas– es sumamente irracional.

Solo mediante inversiones en ideas visionarias, en pensamiento básico, en investigación y desarrollo, y en innovación, podemos garantizar un mejor futuro –que sea más libre, más pacífico y más próspero –que el pasado.

Por ejemplo, la educación infantil temprana, la medicina preventiva, las bibliotecas, la infraestructura física y la investigación científica básica, todo tiene un costo –y estudios muestran que vale la pena. Sin embargo, cuando los responsables del diseño de políticas necesitan hacer recortes al gasto, la inversión en los bienes públicos es lo primero que a menudo se ve afectado porque los votantes no sienten los efectos en el corto plazo. Gran parte del daño se difiere, y precisamente por esta razón los recortes son atractivos en términos políticos.

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