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Adelantarse a los terroristas autóctonos

BERLÍN – En los últimos años, el terrorismo islamista ha llegado a ser objeto de atención fundamental para las fuerzas de seguridad de Alemania y muchos otros países occidentales. La intención de los terroristas es la de sembrar la desconfianza e infundir miedo; su objetivo es el de debilitar el Estado de derecho democrático y acabar con la confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas. Los gobiernos están decididos a impedirlo, pero la realidad es que las frecuentes alertas terroristas suelen aumentar la inseguridad entre nuestros ciudadanos, en lugar de reducirla.

Los debates en toda Europa sobre nuevas legislaciones en materia de seguridad para luchar contra el terrorismo han creado a veces la falsa impresión de que los Estados amenazan la libertad de sus ciudadanos, en lugar de protegerla. De hecho, el conflicto, con frecuencia dado por sentado, entre la libertad y la seguridad pública no existe.

La libertad y la seguridad pública no son opuestos irreconciliables. Se complementan e incluso guardan una dependencia mutua. La seguridad pública es una condición previa para la libertad y la protección de la libertad es el centro mismo de la responsabilidad de un Estado democrático en materia de seguridad pública.

El monopolio del uso de la fuerza por parte de un Estado está justificado, si los ciudadanos pueden confiar en que garantice su seguridad. La prevención de amenazas, junto con la imposición del cumplimiento de la ley, que entraña el procesamiento de los delincuentes, son cometidos decisivos, pero no requieren, por principio, nuevas leyes constantemente.