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La farragosa retórica de Occidente

MADRID – De entre los numerosos desafíos a los que se enfrenta Occidente, hay uno que se pasa constantemente por alto: su adicción a la retórica vacía. Las frases huecas se han convertido en la moneda de cambio de la política exterior de los gobiernos occidentales, desde el eufemístico oxímoron “liderar desde atrás” del primer mandato del presidente estadounidense, Barack Obama, hasta la reciente variante alemana, “liderar desde el centro”.

Desde luego, la complejidad y la imprevisibilidad inherentes a las relaciones internacionales intensifican la inclinación de los políticos por el lenguaje ambiguo. Y hoy, en un contexto geopolítico más complejo y menos previsible que nunca, nuestros líderes cuentan con menos incentivos para el tipo de claridad y transparencia requeridas para una política eficaz. Por desgracia, esto no ha hecho sino empeorar la situación.

Las declaraciones estratégicas desempeñan un papel crucial a la hora de mostrar, tanto a sus adversarios como a sus aliados, ciudadanos y agencias gubernamentales, qué pretende y hacia dónde se dirige un país. Cuando para entender éstas son necesarias aclaraciones e interpretaciones sin fin, su impacto se ve drásticamente debilitado.

Esto no significa que la ambigüedad no tenga cabida en las relaciones internacionales. La historia es prolífica en casos que muestran la utilidad de la ambigüedad estratégica en momentos concretos. Por ejemplo, algunos historiadores sostienen que la declaración del entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, Dean Acheson, en 1950, por la que excluía a Corea del Sur del “perímetro de defensa” de su país, fue una forma de hacer saber a Corea del Norte y a la Unión Soviética que, en caso de conflicto, Estados Unidos no saldría en defensa del Sur.