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El poder a los pueblos del Cáucaso

Desde hace un mes, para las mujeres que se establecieron en Georgia tras haber sido desplazadas de Abjazia durante el conflicto de 1993 se está repitiendo todo lo que vivieron hace 15 años. Estas mujeres están recibiendo ahora un nuevo torrente de civiles desplazados de Abjazia y Osetia del Sur tras la agresión rusa a esas regiones y los territorios georgianos que las fuerzas rusas han ocupado desde la invasión. Nada más en Tbilisi hay más de 500 campamentos para personas desplazadas internamente, muchas de las cuales son mujeres y niños que viven con carencias de alimentos y medicinas.

Actualmente, los georgianos difícilmente apoyan a su presidente, Mikhail Sakashvili, quien en un intento imprudente por recuperar el control sobre Osetia del Sur provocó que Rusia abandonara su misión de mantenimiento de la paz y utilizara todo su poderío militar para expulsar a las tropas georgianas de Osetia del Sur y Abjazia y después ocupara gran parte de Georgia. Los bombardeos rusos contra numerosas instalaciones estratégicas y civiles en el país destruyeron infraestructura y produjeron una escasez creciente de alimentos, combustibles y medicinas.

La gente está desesperada. Están furiosos contra Rusia por la agresión y contra su propio gobierno por provocar este conflicto desigual. En esta región han convivido durante siglos personas de distintas nacionalidades y grupos étnicos que comparten costumbres, tradiciones, el pan y el vino y un respeto mutuo por sus culturas e idiomas. Pero desde los imperios ruso, británico y otomano que alguna vez lucharon aquí, los políticos y los generales las han explotado continuamente.

Las mujeres y los niños son quienes más sufren en tiempos de conflicto. Si a eso se añaden siglos de tradiciones patriarcales, los traumas posteriores a la guerra de hace 15 años, una crisis económica que lleva 20 años y la actual agresión rusa, podemos comenzar a comprender lo que deben soportar actualmente las mujeres de Osetia del Sur, Abjazia y Georgia.