8

¿Un nuevo reverdecer del Pakistán?

NUEVA DELHI – Cuando era Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton dijo con toda claridad al Pakistán en 2011 que “no se pueden tener serpientes en el patio trasero de casa y esperar que sólo muerdan a los vecinos”, pero su advertencia (“en algún momento esas serpientes se volverán contra” su dueño), como las de otros funcionarios americanos, incluidos presidentes y directores de la CIA, a lo largo de los años, no fueron atendidas.

Los graves problemas del dueño de las serpientes quedaron ejemplificados por la reciente matanza de 132 escolares en Peshawar por militantes que ya no estaban controlados por los generales del Pakistán. Semejante horror es consecuencia del modo sistemático como la clase militar dirigente pakistaní  ha preparado a militantes yijadistas desde el decenio de 1980 como instrumento de la política del Estado contra la India y el Afganistán. Al continuar manteniendo a unos terroristas como agentes suyos, el ejército pakistaní ha permitido a otros militantes consolidarse en el país, con lo que la ideología yijadista ha llegado a ser omnipresente.

La de la matanza de Peshawar no fue la primera vez en que ese Estado que es el principal patrocinador del terrorismo ha sido, a su vez, víctima de éste, pero el ataque ha puesto de relieve que la contradicción entre combatir a un conjunto de grupos terroristas y al tiempo proteger a otros para que actúen allende la frontera ha dejado cojo al Estado pakistaní.

A consecuencia de ello, la pregunta que muchos se hacen es la de si, a raíz de la matanza de Peshawar, el ejército pakistaní, incluida la delincuente Agencia de Servicios de Inteligencia Conjuntos (ISI), estará dispuesto a cortar sus vínculos con los grupos militantes y desmantelar la infraestructura terrorista dirigida por el Estado. Lamentablemente, la evolución de la situación en los últimos meses y a raíz del ataque de Peshawar, ofrece poca esperanza.