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Un aplauso ahogado para Ben Bernanke

WASHINGTON, DC – La nominación por parte del Presidente Barack Obama de Ben Bernanke para un segundo período como Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos representa una decisión sensata y pragmática, pero no es nada para celebrar. En lugar de ello, debería ser una ocasión para reflexionar sobre el papel del pensamiento ideológico colectivo entre los economistas, incluido Bernanke, y cómo eso ha contribuido a la crisis financiera y económica global.

La decisión de nombrar a Bernanke es sensata en dos aspectos. Primero, las economías estadounidense y mundial siguen sumidas en la recesión. Si bien puede que ya haya pasado lo peor en términos de que se ha evitado un colapso evidente, la economía sigue vulnerable. Por eso, tiene sentido evitar el riesgo de un golpe a la confianza que pudiera generar una nueva caída.

En segundo lugar, Bernanke es el mejor entre sus pares. Finalmente llegó a entender la gravedad y la naturaleza de la crisis, y luego dio pasos decisivos que contribuyeron a detener la caída libre de la economía. Esos antecedentes, combinados con dudas de que cualquiera de sus colegas pudiera haberlo hecho mejor, significan que no tiene mucho sentido reemplazarlo por otro candidato convencional.

Estos dos factores justifican el renombramiento de Bernanke, pero las escasas alabanzas son indicadoras de los problemas más profundos que ha expuesto su dirección, relacionados con el estado de la economía y la asesoría sobre políticas económicas.