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Una vieja europa en un mundo joven

En momentos en que la UE celebra su aniversario 50, junto a ella muchos europeos alcanzan también la edad madura y se vuelven conscientes del potencial de cambio demográfico que puede hacer que el próximo medio siglo europeo sea muy diferente al anterior.

Los primeros 50 años de la UE se caracterizaron por una creciente población de personas en edad laboral, con respecto a los niños y los adultos mayores. La generación del “baby boom” de posguerra impulsó un periodo de crecimiento económico sostenido que fortaleció la posición de Europa en el mundo y generó mejoras radicales en la calidad de vida de sus ciudadanos.

Por otra parte, las próximas cinco décadas de la UE verán la jubilación de esta generación, dejando una fuerza laboral disminuida en tamaño y con la pesada carga de financiar las necesidades de pensión y atención de salud de sus mayores. Un treinta y seis por ciento de los europeos tendrá más de 60 años para el 2050 y, a pesar de una creciente expectativa de vida, la constante baja de la tasa de fertilidad significará que la población del continente comenzará a reducirse para el año 2020.

Aunque es poco probable que Europa se empobrezca debido a este cambio demográfico, puede que viva un periodo prolongado de crecimiento lento. Con todos los demás factores manteniéndose iguales, los ingresos per cápita y la productividad en los países con altas proporciones de adultos mayores tiende a crecer más lentamente que en los países más jóvenes. En consecuencia, la fuerza de Europa en relación con el resto del mundo puede disminuir, tal vez de manera muy marcada.