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La política de equilibrio nuclear de Obama

WASHINGTON, DC – Tal vez nunca en la historia la seguridad nuclear, la no proliferación nuclear y el control de las armas nucleares hayan recibido la importancia que recibirán durante el triplete estratégico que tendrá lugar este mes: el lanzamiento el 6 de abril de la última Revisión de la Postura Nuclear de Estados Unidos (RPN, por su sigla en inglés), la firma el 8 de abril en Praga del nuevo tratado START y la Cumbre de Seguridad Nuclear el 12 y 13 de abril. Estos eventos serán discutidos en la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación (TNP), en el mes de mayo.

El presidente norteamericano, Barack Obama, se ha convertido en uno de los defensores globales más prominentes de la abolición de las armas nucleares, una postura por la que, inesperadamente, recibió un Premio Nobel de la Paz el año pasado. Pero las acciones de Obama han sido considerablemente más restringidas de lo que generalmente se piensa.

En general, Obama persiguió una política de equilibrio nuclear en la que las medidas hacia el desarme están acompañadas de medidas destinadas a conservar la primacía nuclear de Estados Unidos. Las primeras subrayan el compromiso de su gobierno con el cumplimiento de sus obligaciones según el TNP, mientras que las segundas tranquilizan al Congreso estadounidense y a los aliados escépticos de los nuevos enfoques audaces.

Las políticas de la administración se esfuerzan por atender las aspiraciones de los defensores del desarme global en varios sentidos. El TNP, por caso, reduce aún más la dependencia de Estados Unidos de las armas nucleares al adoptar una doctrina que prácticamente establece que el país no será el primero en utilizarlas. Sólo en “circunstancias extremas” Estados Unidos consideraría utilizar armas nucleares. Por primera vez, Estados Unidos promete no tomar represalias con un ataque nuclear aún si es atacado con armas químicas o biológicas.