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Obama y Oriente Medio

BERLÍN – Con la lograda promulgación de su reforma sanitaria, Barack Obama ha logrado su mayor éxito hasta ahora en política interior... que, asombrosamente, ha tenido mayores consecuencias en el extranjero que en su país. El Presidente de los Estados Unidos, cuyas manos habían mantenido atadas en los últimos meses las preocupaciones nacionales y cuyo poder político había resultado progresivamente erosionado, ha vuelto de repente al escenario mundial.

Sobre ese telón de fondo, la firma de un nuevo tratado con Rusia sobre la reducción de las armas nucleares, la iniciativa de desarme nuclear mundial en la conferencia de Washington y una nueva unidad, que está surgiendo, con Rusia y China, sobre la posibilidad de aplicar más sanciones al Irán demuestran la recuperación de la libertad de acción y la competencia operativa de Obama.

En ese proceso, los nuevos objetivos y prioridades de los Estados Unidos en materia de política exterior están resultando cada vez más claros. Su núcleo lo constituye el Irán y su programa nuclear. Desde luego, el desarme nuclear a escala mundial es en sí una cuestión fundamental para el gobierno de Obama y, asimismo, las relaciones de los EE.UU. con China y Rusia influyen en muchos de los demás intereses principales de ese país, pero, cuando se examina el panorama más amplio, resulta claro que la política exterior de los EE.UU. pretende aislar internacionalmente al Irán mediante la diplomacia.

Las diversas iniciativas  en pro del desarme nuclear van encaminadas a crear un nuevo consenso sobre la renuncia a las armas nucleares, lo que, a su vez, aislaría y presionaría al Irán en relación con su programa nuclear. La cooperación con China y Rusia está al servicio, entre otras cosas, de ese mismo fin y Obama considera los avances en el proceso de paz en Oriente Medio esenciales para separar al Irán de “las calles árabes” y con ello cambiar para mejor el equilibrio de poder en esa región.