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Obama del otro lado del Pacífico

MANILA – A diferencia de su antecesor, el presidente norteamericano, Barack Obama, es popular desde el Atlántico hasta el Pacífico. Se acercó al mundo musulmán y prometió ocuparse del conflicto palestino-israelí sin demora. Las naciones de Asia sienten un afecto especial por él, debido a los años que pasó de niño en Indonesia.

Si Obama mejora la postura global de Estados Unidos con el respaldo de pesos pesados políticos como el vicepresidente Joe Biden, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el secretario de Defensa, Bob Gates, el asesor de Seguridad Nacional, James Jones (ex comandante supremo de la OTAN) y el secretario de Asuntos de Veteranos, Eric Shinseki (ex jefe del ejército norteamericano), debería poder pedir más de los aliados de Estados Unidos, especialmente que la OTAN envíe más tropas a Afganistán. También podrá presionar a Israel para que revigorice el descarrilado proceso de paz de Oriente Medio.

Si bien su equipo de seguridad nacional está conformado por gente que, en general, respaldó la guerra en Irak, Obama dejó en claro que su agenda incluye el retiro de tropas de ese país. La buena voluntad internacional probablemente sea la clave para su éxito, si no para restablecer la hegemonía norteamericana, al menos para hacer que Estados Unidos vuelva a ser la "nación indispensable".

Aunque Obama probablemente le dé prioridad en su diplomacia a las guerras en Irak y Afganistán, no puede dar por sentada la estabilidad de la región del Pacífico asiático. Las fuentes de incertidumbre son muchas: tensión entre Corea del Norte y Corea del Sur; ansiedad por la proliferación nuclear planteada por la cooperación entre Corea del Norte e Irán; manejo del ascenso de China y la India, y un continuo extremismo islamista en el sub-continente indio, especialmente Pakistán, así como en el sudeste asiático, donde Al Qaeda estableció un segundo frente a través de la Jemaah Islamiyah de Indonesia.