Paul Lachine

Y ahora a por una revolución económica árabe

BEIRUT – La revolución por todo el mundo árabe ha obligado a los pueblos y gobiernos de la región a abordar la necesidad de cambio. Años de esclerosis han dado paso a un arranque frenético en pro de reformas para satisfacer las aspiraciones y el descontento de millones de personas.

Pero el impulso reformador va en dos direcciones opuestas. Un envite va encaminado a que los gobiernos mantengan a su población; el otro pide que los gobiernos dejen de limitar la libertad de su pueblo, en particular su libertad económica. Es probable que el primer tipo de reforma no haga sino exacerbar los graves problemas del mundo árabe; el segundo ofrece la esperanza de un cambio positivo y sostenible.

En varios países árabes –y, muy en particular, en Arabia Saudí–, los gobernantes han procurado apagar el descontento brindando una combinación de dinero, subsidios, puestos de trabajo garantizados y bienes y servicios gratuitos. Semejante magnanimidad revela una incomprensión fundamental de las causas del descontento actual, porque supone que se trata de causas puramente materiales.

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