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La abenomía de estilo europeo

NUEVA YORK – Hace dos años, la elección de Shinzo Abe como Primer Ministro del Japón propició el advenimiento de la “abenomía”, un plan en tres partes para rescatar la economía de un lodazal de estancamiento y deflación. Los tres componentes –o “flechas” – de la abenomía comprenden un estímulo monetario en gran escala y en forma de relajación cuantitativa y cualitativa (RCC), incluido más crédito para el sector privado; un estimulo fiscal a corto plazo, seguido de una consolidación para reducir los déficits y hacer sostenible la deuda pública; y reformas estructurales para fortalecer la oferta y el crecimiento potencial.

Ahora parece ser –según el reciente discurso en el simposio de Jackson Hole del Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi– que el BCE tiene un plan similar en preparación para la zona del euro. El primer elemento de la “draghinomía” es una aceleración de las reformas estructurales necesarias para aumentar el crecimiento potencial de la producción de la zona del euro. Los avances en dichas reformas decisivas han sido decepcionantes, pues se han aplicado más medidas en algunos países (España e Irlanda, por ejemplo) que en otros (Italia y Francia, por citar sólo a dos).

Pero ahora Draghi reconoce que la lenta, desigual y anémica recuperación refleja no sólo problemas estructurales, sino también factores cíclicos que dependen más de la demanda agregada que de las limitaciones de la oferta agregada. Así, pues, son  también necesarias medidas para aumentar la demanda.

Conque aquí tenemos una segunda flecha de la draghinomía: reducir el retraso del crecimiento debido a la consolidación fiscal sin por ello dejar de mantener unos déficits bajos y una mayor sostenibilidad de la deuda. Existe cierta flexibilidad sobre la rapìdez con que se puede conseguir el objetivo fiscal, sobre todo ahora que ya se ha aplicado una gran austeridad inicial y los mercados están menos nerviosos sobre la sostenibilidad de la deuda pública. Además, si bien la periferia de la zona del euro puede necesitar más consolidación, algunas zonas del centro –Alemania, pongamos por caso– podrían aplicar una expansión fiscal temporal (menores impuestos y más inversión pública) para estimular la demanda interna y el crecimiento. Y un programa de inversión en infraestructuras a escala de toda la zona del euro podría impulsar la demanda y al tiempo reducir los cuellos de botella de la oferta.