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La nueva xenofobia

OXFORD – Los gobiernos democráticos occidentales están perdiendo cada vez más soportes. Desde el cambio hacia el antiliberalismo en Polonia y Hungría al voto por el Brexit en el Reino Unido y la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, una cepa particularmente letal de populismo están infectando las sociedades, y se sigue propagando.

El atractivo del populismo es simple. Frente a unos salarios estancados y el declive de la calidad de vida, la gente se siente frustrada, y más todavía cuando sus gobernantes siguen diciéndoles que las cosas están mejorando. Entonces aparece el populista con sus promesas de remecerlo todo para defender los intereses de la “gente” (aunque en realidad solo sea una parte de ellos), ofreciendo algo presumiblemente más atractivo que soluciones factibles: chivos expiatorios.

El más importante de la lista son las “elites”, es decir, los partidos políticos y los líderes corporativos establecidos. El populista señala que, en lugar de proteger a la “gente” de la presión y la incertidumbre económica, este grupo se enriquece a costa de su sufrimiento. Al impulsar la globalización, obligando a la gente a aceptar cada vez más apertura, han acumulado enormes riquezas que protegen mediantes formas de evasión tributaria, externalización y otros planes.

Aunque no se culpa solo a las elites. Sí, han traicionado a la gente, pero una manera en que lo han hecho es imponiendo la igualdad de derechos y oportunidades para las minorías, los inmigrantes y los extranjeros, que “roban” trabajos, amenazan la seguridad nacional y socavan los modos de vida tradicionales.