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Mi viaje con el Che

El primer contacto con Ernesto "Che" Guevara para millones de jóvenes en todo el mundo será a través de Gael García Bernal como el Che y Rodrigo de la Serna como su amigo Alberto, quienes se montan en una motocicleta sobrecargada y emprenden un viaje de 8,000 millas hacia el norte a través de Sudamérica en la versión cinematográfica de los Diarios de Motocicletas del Che.

Para quienes en Cuba tenemos edad suficiente para hacer una excursión similar, el inicio de nuestro viaje con el Che, el joven del acento raro y la boina con una estrella, fue menos romántico. Todos los días antes del comienzo de las clases solíamos repetir: "¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che!"

La consigna se volvió tan tediosa que inevitablemente el bromista del salón preguntaba si acabaríamos siendo asmáticos, como lo era el Che. La vida y las acciones del Che se convirtieron en parte de una biblia moderna para los cubanos jóvenes. Incluso si hubiéramos querido rechazar lo que se nos machacaba a la fuerza con las consignas o con poemas como "Che Comandante", era difícil resistirse al encanto y a la pasión que salían de sus cartas y diarios.

En sus discursos, yo descubrí al Che brillante que despotricaba sin piedad en contra de la ineficiencia, la política falsa y la doble moral. "Si nos falta organización, las ideas, pasado el ímpetu del primer momento, pierden su efectividad, caen en las rutinas básicas y el conformismo y se convierten simplemente en un recuerdo", dijo alguna vez. Yo miré alrededor de nuestra isla y me pregunté: ¿había alguien que escuchara?