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Moldavia sale del congelador

CHISINAU – Hoy, las “revoluciones de color”, que hace unos pocos años eran vistas como progresos promisorios en el espacio post-soviético, parecen estar fuera de moda. En todo el mundo, la desilusión con la promoción democrática es generalizada. Más bien, la consolidación de regímenes autoritarios parece ser la tendencia que se impone.

Aproximadamente hace un año, Moldavia, un país que pocos conocen, parecía confirmarlo. El 7 de abril de 2009, Moldavia llegó a los titulares cuando manifestaciones pacíficas contra elecciones injustas fueron infiltradas por un pequeño número de provocadores que atacaron el edificio del parlamento y el palacio presidencial.

Los medios calificaron este episodio como la “Revolución Twitter”, lo que por supuesto era una exageración. Sin embargo, un año más tarde, y a pesar de las acciones de aquellos provocadores, un nuevo gobierno democrático está en el poder. El edificio del parlamento todavía no ha sido reconstruido, pero el gobierno, con esfuerzo, intenta reconstruir Moldavia como un país democrático con aspiraciones legítimas de sumarse a la Unión Europea.

Las protestas de abril de 2009 tuvieron su origen en el reclamo del Partido Comunista de que había ganado un tercer mandato consecutivo en el poder, tras una campaña electoral agresiva con abusos de todo tipo. El entonces gobierno comunista reprimió a los manifestantes, con un saldo de por lo menos un muerto, mientras que numerosas acusaciones de tortura generalizada terminaron traumatizando y dividiendo aún más a la sociedad moldava. Muchos en Moldavia y Europa creían que estaba surgiendo otro estado autoritario en el vecindario europeo.