Paul Lachine

La pantalla como espejo

NUEVA YORK - Supongamos que un grupo de trabajadores se comunica con frecuencia y uno de ellos, de pronto, queda fuera de las copias de los mensajes. "Podría ser que estén queriendo organizar una fiesta sorpresa de cumpleaños", dice Elizabeth Charnock, cuya compañía, Cataphora, analiza el contenido y el tráfico de mensajes de correo electrónico, así como otros documentos, principalmente para clientes relacionados con litigios y detección de delitos. "Pero es más probable que tengan planes de realizar un fraude y sepan que esta persona no querrá ser parte de eso".

"Puede que no todas las conductas anormales sean malas", señala Charnock, "pero prácticamente todas las malas conductas son anormales". Tras años de analizarlas, he desarrollado un agudo sentido de la multitud de pecadillos relativamente normales: el compañero de trabajo aburrido al que los demás tratan de evitar, los intentos de pasar a última hora una tarea desagradable a otra persona, el ex que prometió "seguir como amigo" pero nunca volvió a escribir, en fin... esas cosas pequeñas pero reveladoras que terminan molestándonos."

Ahora ella y Cataphora están aplicando estos mismos análisis a un mercado diferente: la gente que quiere analizar su propia correspondencia electrónica (y quizás otros contenidos) para ver un reflejo de su interacción con los demás. Podríamos llamarlo  nuestra propia gráfica social en acción.

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