Paul Lachine

La mente sobre el mercado

MILÁN - En los 66 años transcurridos desde la Segunda Guerra Mundial, prácticamente todas las economías de planificación central han desaparecido, en gran parte como resultado de la ineficiencia y el bajo crecimiento. Hoy en día, los mercados, las señales de precios, la descentralización, los incentivos y el rendimiento impulsado por la inversión caracterizan la asignación de recursos en casi todas partes.

Esto no es así porque los mercados sean moralmente superiores, a pesar de que requieren libertad de elección para funcionar eficazmente. Los mercados son herramientas que, en relación con las alternativas, ofrecen grandes ventajas con respecto a los incentivos, la eficiencia y la innovación. Pero no son perfectos; muestran un desempeño insuficiente ante ciertas externalidades (las consecuencias sin precio de las acciones individuales; por ejemplo, la contaminación del aire), las lagunas y asimetrías de información, y problemas de coordinación cuando hay equilibrios múltiples, algunos superiores a los demás.

Pero los mercados tienen debilidades más fundamentales. O, más bien, la mayoría de las sociedades tienen importantes objetivos económicos y sociales que los mercados y la competencia no están diseñados para alcanzar. En el mundo actual en acelerada globalización, los más importantes de estos objetivos -que se expresan en diversas formas a través del proceso político y de toma de decisiones en una amplia gama de países- son la estabilidad, la equidad distributiva y la sostenibilidad

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