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La migración es desarrollo

LONDRES – En septiembre de 2000, los objetivos de desarrollo del Milenio contaron con el apoyo de la comunidad internacional, unida tras una visión compartida. Dichos objetivos, que expiran en 2015, señalaron una nueva era de cooperación mundial y desencadenaron avances reales con vistas a sacar a millones de personas de la pobreza extrema, mejorando la salud y el acceso a la educación y emancipando a las mujeres.

Los ocho objetivos originales –entre ellos la reducción de la mortalidad infantil y la consecución de la enseñanza primaria universal– han sido elogiados por su sencillez y su mensurabilidad. Representaron la plasmación de un imperativo abstracto y desmesurado en fines alcanzables, pero, como gustaba de decir Albert Einstein, “no todo lo que cuenta se puede contar y no todo lo que se puede contar cuenta”.

Actualmente, es importante que no quedemos atrapados por lo que funcionó en el pasado. Para dar resultado, el programa posterior a 2015 debe romper el molde original. Se debe basar en un relato más completo sobre cómo se produce el desarrollo: un relato que explique cuestiones complejas como la de la migración. De lo contrario, el programa de desarrollo mundial podría perder su pertinencia y, por tanto, las partes interesadas podrían dejar de sentir interés por él.

Tal vez sea comprensible que los objetivos de desarrollo del Milenio originales no mencionaran la migración interna ni externa. Se trata de asuntos políticamente delicados que podrían haber polarizado a la comunidad internacional, en lugar de unirla. Además, en aquel momento nuestra comprensión empírica de las relaciones entre migración y desarrollo era limitada; había pocos datos con los que dar forma a objetivos mensurables.