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La era de la violencia

PARIS – Muy rara vez los problemas mundiales son simples. Pero, en general, un análisis cuidadoso de sus diversas facetas conduce a una cierta comprensión de sus causas y, a su vez, a soluciones razonablemente prometedoras. De hecho, la oportunidad de analizar este tipo de problemas con regularidad es precisamente lo que hace que mi papel de columnista sea tan gratificante. Últimamente, sin embargo, las soluciones prometedoras se han tornado cada vez más difíciles de alcanzar.

En pocas palabras, gran parte del mundo está sumido en el conflicto, con pocas esperanzas de escapar del mismo. En Ucrania, los violentos enfrentamientos entre separatistas prorrusos y la policía son solamente los más recientes eventos dentro de la situación de seguridad del país que se encuentra en franco deterioro. Siria permanece enclaustrada en una brutal guerra civil. Y las tensiones entre Israel e Irán relativas al programa nuclear de este último – por no mencionar el conflicto de Israel con Palestina de décadas de duración – están exacerbando la inestabilidad en el Medio Oriente, región donde diez países, cuando se los considera en su conjunto, se han convertido en el mayor mercado del mundo para la venta de armas, ya que anualmente compran más armamento nuevo que China.

Varios países africanos – Malí, República Centroafricana, Sudán del Sur y Somalia – se encuentran envueltos en una guerra civil permanente, que deja a los ciudadanos sin agua potable, y una aún mayor escases de escuelas, hospitales y otras infraestructuras sociales. En Nigeria, la milicia islámica Boko Haram – una glorificada pandilla de criminales – trae deshonra a la imagen del Profeta, ya que en su nombre secuestraron a más de 200 niñas estudiantes para venderlas o utilizarlas como esclavas sexuales.

En Asia, la escalada militar de China y su abordaje cada vez más firme en cuanto al logro de sus reivindicaciones territoriales en los mares de China meridional y oriental – que se sobreponen con las reivindicaciones de Japón, Filipinas, Corea del Sur y Vietnam – hace que emerjan preocupaciones entre sus vecinos regionales. No ayuda el hecho de que el crecimiento económico de China, que proporcionó un fuerte impulso a las economías más pequeñas de la región durante las últimas décadas, se enlenteció considerablemente.