El marxismo se levantó de la tumba en Uruguay

Los bolcheviques de América Latina presuntamente están condenados al basurero de la historia. Sólo Cuba se resiste tercamente al empuje del continente hacia la democracia y la apertura de las economías. Sin embargo, Marx goza de buena salud; por lo menos en Uruguay, aunque quizá también en otras partes. Jorge Batlle, que el primero de marzo asume la presidencia de ese país, no puede olvidar este dato de la realidad.

En las elecciones presidenciales del año pasado, el carismático líder de la izquierda Tabaré Vazquez ganó cómodamente la primera vuelta, aunque no con votos suficientes para evitar una segunda. El suspenso se apoderó del país cuando los uruguayos fueron llamados por segunda vez a las urnas. Jorge Batlle, candidato del Partido Colorado, que ha predominado en la vida política del Uruguay por décadas, necesitaba para derrotar a Vázquez un apoyo decisivo de su rival, el más conservador Partido Blanco. Después de 150 años de enfrentamientos entre estos dos partidos tradicionales, ese apoyo parecía como si los capuletos rescataran a los montescos.

Escasas diferencias ideológicas separan hoy a blancos y colorados, así llamados por la divisa que usaron en el sombrero desde la década de 1830 para no matarse entre los del mismo bando. Pero, ¿podrían olvidarse las antiguas heridas? Nadie lo sabía. Las estadísticas pronosticaban un empate técnico entre la izquierda y la derecha.

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