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Un plan de sanciones en cuotas

VARSOVIA – Los líderes occidentales siguen indecisos respecto de sus próximas medidas para procurar detener la agresión rusa a Ucrania. Pero hay algo que está suficientemente claro: los tímidos ensayos hechos hasta el momento (sanciones personales, un embargo a la exportación de armas y la suspensión temporal de la pertenencia de Rusia al G8) no han hecho retroceder al presidente ruso, Vladímir Putin.

Felizmente, existe una solución y es sencilla: que la Unión Europea disponga un embargo a sus importaciones de materias primas rusas, especialmente petróleo y gas. La pregunta es si sería viable.

Si hasta ahora no se hizo, es por buenos motivos. Europa depende del suministro ruso de energía, y los bancos y empresas europeos están sumamente expuestos a lo que suceda con Rusia. Pero con una estrategia cuidadosamente calibrada, se podría evitar que un embargo a las exportaciones rusas resulte perjudicial para la economía europea.

En todo caso, lo cierto es que Europa no tiene alternativas. Cuanto más evidente se vuelve el deseo de Putin de quedar en la historia rusa como un engrandecedor del imperio (junto con Iván el Terrible, Catalina la Grande y Lenin), igualmente evidente se torna la necesidad de que la Unión Europea actúe decididamente. De hecho, si no se le pone freno a Putin, es probable que su ambición crezca aún más y vuelque su atención a los estados bálticos, Moldavia o Asia Central, con consecuencias cada vez más serias para la seguridad europea.