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El momento de la verdad para Europa se acerca

El rechazo al euro por parte de Suecia deja al desnudo la decisión fundamental a que se enfrenta Europa actualmente. Despacio, muy despacio, la Unión Europea está llegando al momento de la verdad en el que sus miembros tendrán que decidir qué clase de Unión quieren. ¿Quieren acaso una Unión políticamente integrada, que tal vez se convierta con el tiempo en una verdadera federación? ¿O quieren un club económico suelto, basado esencialmente en un mercado económico único, con unas cuantas adiciones opcionales de naturaleza política?

La UE se ha enfrentado a esta pregunta desde sus inicios, y hasta ahora la respuesta que han dado los gobiernos miembros ha sido avanzar al ritmo de los más renuentes. Pero eso podría estar cambiando. Este año o el próximo, podría quedar claro de una vez por todas que la brecha entre los federalistas y los nacionalistas es demasiado profunda para poder superarla. En ese punto, los federalistas verán si pueden encontar una forma de continuar por sí solos. Si lo logran, habrá una Europa a dos niveles, con un núcleo interno políticamente integrado y miembros asociados de manera menos formal en el exterior.

La idea de una Unión a dos niveles, o con geometría variable, se ha discutido desde hace mucho, sobre todo como una manera sutil de contrarrestar las maniobras euroescépticas retardatarias de varios gobiernos británicos sucesivos. En gran parte, esos debates solían llegar a la triste conclusión de que una Europa a dos niveles sería extremadamente difícil de negociar. Afortunadamente, la idea de una Unión de geometría variable pareció ser menos urgente cuando Tony Blair llegó al poder.

Lo que está reviviendo ahora la idea de la geometría variable es la perspectiva de la ampliación masiva de la UE con el ingreso de diez miembros nuevos de Europa oriental y el Mediterráneo, multiplicada por la crisis política dentro de Europa por la guerra de Estados Unidos en contra de Iraq. Todo el mundo sabe que una UE mucho más grande tiene que estar más integrada políticamente si se quiere evitar que se paralice abruptamente por el puro peso de las cifras. Esta es una cuestión de aritmética simple, no de ideología.