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La sabiduría de evitar crisis

ANKARA – Independientemente de las distintas formas en que los gobiernos diseñan políticas, su responsabilidad común es garantizar la estabilidad financiera. Para ello es necesaria una coordinación política real y efectiva y un marco general de gobernanza macroprudencial a nivel nacional e internacional.

La verdad es que el costo de evitar crisis financieras es mucho más bajo que los costos que conllevan cuando estallan. Después de todo, las crisis financieras están directamente relacionadas con descensos significativos de la producción y alzas en el  desempleo; y no menos  importante es que a menudo dañan gravemente la cohesión social.

A cinco años del estallido de la crisis financiera, siguen vigentes sus consecuencias, así como la recesión provocada por el colapso del banco de inversión estadounidense, Lehman Brothers. En muchas economías avanzadas el PIB real continúa más bajo que su nivel previo a la crisis. Las tasas de desempleo y los déficits presupuestales son más elevados, y la proporción de la deuda pública respecto el PIB se encuentra en niveles récord.

Las políticas macroprudenciales no sustituyen a las políticas macroeconómicas sólidas; sin embargo, son esenciales para evitar amplias burbujas de activos y distorsiones en los mercados financieros, y por ende, para reducir el riesgo de fuertes sacudidas en los mercados y en la economía real.