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El nuevo comienzo de Argentina

BUENOS AIRES – Durante los últimos 99 años la presidencia de Argentina ha estado ocupada sucesivamente por peronistas – Juan Domingo Perón y sus seguidores populistas – y generales reaccionarios. De vez en cuando, el cargo estuvo en manos de un político centrista de la Unión Cívica Radical, pero esos gobiernos duraron poco, ya fuera a causa de la renuncia del presidente o de un golpe militar.

En las elecciones del domingo pasado, los votantes argentinos rompieron el patrón: por primera vez en casi un siglo, el presidente no va a ser peronista, radical, ni general de ejército. Es difícil exagerar la importancia del acontecimiento. De acuerdo a Héctor Schamis, politólogo de la Universidad de Georgetown, si un cambio político semejante hubiera ocurrido en Francia o en Brasil, sus ciudadanos estarían celebrando el nacimiento de una nueva república.

La prensa internacional suele describir al nuevo presidente electo de Argentina, Mauricio Macri, ingeniero de profesión, como de "centro-derecha". Sin embargo, esta calificación no es del todo correcta. En Argentina, la división izquierda-derecha se ha desdibujado como consecuencia de las políticas de la hidra de múltiples cabezas que es el Partido Justicialista, de corte peronista, el cual privatizó las empresas estatales en la década de 1990, sólo para volver a nacionalizarlas posteriormente. Todavía más, "centro-derecha" con frecuencia significa "conservador", y la victoria de Macri no va a "conservar" el estatus quo.

La mejor palabra para describir a Macri es "liberal", en el sentido europeo del término. Esto significa, en primer lugar, respeto por las instituciones democráticas de Argentina, gravemente dañadas luego de diez años de maltrato por parte de los presidentes Néstor y Cristina Kirchner. También significa una política económica más amigable con el mercado.