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Por qué amar los déficits de Estados Unidos

Con el débil dólar colgando como una espada de Damocles sobre la economía global, casi todo el mundo lamenta los hábitos derrochadores de EE.UU. Pero, ¿se le ha ocurrido a alguien lo duro que deben trabajar los estadounidenses para hacer que todos los demás luzcan bien?

Gracias a los crecientes déficits comerciales de EE.UU., hoy en día el mayor dolor de cabeza del ministro de finanzas de cualquier país en desarrollo es tratar de evitar que la moneda de su país se eleve demasiado rápido con respecto al dólar. ¿Cuándo fue la última vez que ocurrió esto? Todos los países con crisis crónicas de la deuda, como México, Rusia o Corea del Sur, están tratando de rechazar los flujos de capital que traen los inversionistas que buscan una puerta de salida, a medida que el dólar se desploma.

Por lo general, cuando el mundo se recupera de una depresión y las tasas de interés globales aumentan, al menos uno o dos países con mercados emergentes experimentan un espectacular auge. No es probable que eso ocurra esta vez, al menos no el año próximo.

Es cierto que las políticas de algunos países han mejorado notablemente. Por ejemplo, Brasil y Turquía han instituido políticas pro-mercado que han dado mayor flexibilidad a sus economías y han hecho que el crecimiento sea más duradero. Pero, ¿se puede decir lo mismo de México, donde las reformas se han estancado, o de Rusia, donde han retrocedido? El imprudente nivel de gasto del déficit de EE.UU. está haciendo que todas sus monedas parezcan buenas inversiones en 2005.