An onlooker watches share prices on a digital broadcast on the facade of the Bombay Stock Exchange INDRANIL MUKHERJEE/AFP/Getty Images

Esperanza local, odio global

SANTIAGO – En Lake Wobegon, el ficticio pueblo estadounidense creado por Garrison Keillor, todos los niños tienen inteligencia por sobre el promedio. La vida imita al arte, no solo en Estados Unidos –y no solo en el caso de los pequeños–. En encuesta tras encuesta, en países tanto ricos como pobres, la gente dice sentirse satisfecha con su vida familiar, contenta con su barrio, y optimista sobre su futuro personal. Pero estas mismas personas informan a los encuestadores que su país y el mundo se están yendo directamente al diablo.

Al parecer, los adultos también llevan vidas que siempre están por sobre el promedio.

Consideremos algunos ejemplos. Según la encuesta Eurobarómetro, alrededor del 60% de las personas predice que su situación laboral continuará sin cambios, mientras que el 20% espera que mejore. Sin embargo, la mayoría de la gente sistemáticamente espera que la situación económica de su país se deteriore o permanezca igual. Las expectativas sobre el futuro individual varían muy poco a través del tiempo, mientras que las expectativas acerca de la situación económica nacional empeoran con las recesiones y mejoran con los auges, como cabría esperar.

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