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Antisemitismo de izquierda

NUEVA YORK – Ken Livingstone, exalcalde de Londres, ha sido suspendido de su partido (el partido Laborista, de izquierda) por afirmar que Hitler fue un sionista a principios de la década de 1930. Según Livingstone, «antes de enloquecer y matar a seis millones de judíos», Hitler solo quería echarlos de sus propios países a Palestina. Y eso, supuestamente, lo convierte en sionista.

Históricamente, son tonterías, Hitler nunca promovió a Palestina como estado judío, e implicar que el odio del fürer por los judíos lo puso del mismo bando que aquellos judíos que deseaban construir su propio estado para escapar del antisemitismo violento es, por decir algo, ofensiva.

De todas formas, Livingstone probablemente estaba siendo sincero cuando afirmó en su defensa que «un verdadero antisemita no solo odia a los judíos en Israel, odia a su vecino judío [...] Es una aversión física». Odiar a los judíos en Israel entonces está bien, porque son «sionistas» y ese sentimiento no es visceral. Jeremy Corbyn, líder de izquierda del partido de Livingstone, sin dudas fue igualmente sincero cuando dijo que es imposible que el antisemitismo sea un problema en la izquierda, porque los laboristas siempre han sido «antirracistas».

Es una presunción frecuente entre los partidarios europeos de la izquierda que el prejuicio racial —antisemitismo incluido— es un fenómeno exclusivo de la derecha. Esto probablemente se remonta al caso Dreyfus de fines del siglo XIX: cuando el capitán del ejército francés Alfred Dreyfus fue falsamente acusado de traición en 1894 en un juicio amañado, la sociedad francesa se dividió entre los mayormente conservadores antidreyfusianos y los defensores liberales del oficial judío. Los conservadores a menudo eran católicos romanos acérrimos, quienes se sentían profundamente incómodos con la República francesa secular, que asociaban a los liberales y los judíos.