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Los renuentes revolucionarios de Libia

TRÍPOLI – Egipto no es el único país en el que las brillantes esperanzas de la “primavera árabe” están apagándose. Desde los ataques contra gobiernos occidentales hasta los choques étnicos en remotos oasis del desierto, la revolución de Libia está dando traspiés.

La culpa de las dificultades actuales de Libia corresponde en gran medida al gobierno provisional que encabezó el alzamiento. El Consejo Nacional de Transición se niega a adoptar decisiones difíciles, prefiere endosárselas a un futuro gobierno elegido democráticamente. El CNT ha preservado gran parte de la parálisis institucional y del comportamiento visceral típico del derrocado régimen del coronel Muammar Al Gadafi. Para que la revolución Libia triunfe, los nuevos dirigentes del país deben cortar decididamente con el espíritu del pasado.

Durante sus 42 años en el poder, Gadafi se rodeó de consejeros que eran compañeros de su juventud, junto con una camarilla de tecnócratas. A consecuencia de ello, los dirigentes de la rebelión que lo derrocó tienen poca experiencia de gobierno y, en un país en el que cualquier actividad política estaba considerada una traición, muchos esperaban que el neófito CNT tropezara muy pronto y con frecuencia. Así ha sido.

De hecho, la revolución nunca fue un asunto fácil. Cuando los combatientes no consiguieron derrotar a las fuerzas leales por sí solos, unas potencias extranjeras se vieron obligadas a intervenir. Más adelante, el CNT no consiguió imponer disciplina en la infinidad de milicias que se formaron para luchar contra las tropas de Gadafi o incluso dirigir eficazmente las armas extranjeras hasta el naciente Ejército Nacional Libio. Cuando el Jefe del Estado Mayor del Ejército fue asesinado en julio en circunstancias misteriosas, el CNT no pudo dar respuestas concretas a un público irritado. Al no tener acceso a los activos libios en el extranjero, con frecuencia tardó semanas en pagar los salarios.