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Ahora, Liberia. ¿Sigue Zimbabwe?

La renuncia del presidente de Liberia, Charles Taylor, y su exilio en Nigeria son no sólo un alivio para la tierra devastada por la guerra que él gobernó tan mal, sino también, acaso, un ejemplo para otros dictadores desprestigiados. En efecto, el anciano presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, a sus 79 años debe de estar pensando en la inevitabilidad de su propia muerte política.

Es cierto que todavía no hay tropas rebeldes sitiando Harare, ni buques de guerra estadounidenses con 2000 infantes de marina en el horizonte, y el presidente George W. Bush no ha exigido que Mugabe se retire después de 23 años en el poder. Sin embargo, hay similitudes notables en las crisis que han plagado a las dos naciones africanas. Esas similitudes le están dando esperanzas a los ciudadanos de Zimbabwe de ver pronto la salida de Mugabe.

Antes de partir hacia el exilio, Taylor le entregó la presidencia a su aliado de muchos años, el vicepresidente Moses Z. Blah, quien estará a cargo hasta que un nuevo gobierno de transición entre en funciones. Se sabe que Mugabe está en favor de que, si aquél decide retirarse, le transifiera el poder a un gobierno interino encabezado por su antiguo aliado, Emmerson Mnangagwa.

Al igual que Blah, Mnangagwa es muy impopular y perdió su escaño en las elecciones generales de 2001. Sin embargo, Mugabe nombró inmediatamente presidente del parlamento a Mnangagwa, quien es muy temido y a quien se relaciona a menudo con cargos de corrupción.