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Rusia y Estados Unidos en los Óscar

NUEVA YORK – El Óscar habló. No ganaron ni Leviatán, la cinta rusa nominada para mejor película extranjera, ni Francotirador, nominada para mejor película. Pero las dos, en cierto modo, son las más representativas del año, porque cada una captura la esencia de por qué Rusia y Estados Unidos parecen estar condenados a librar una nueva Guerra Fría.

Tras la invasión rusa a Ucrania, a Leviatán le esperaba una batalla de relaciones públicas cuesta arriba. Pero su desolador retrato de la vida en la Rusia de hoy no hace más que confirmar muchas de las razones por las que en general, los estadounidenses dudaban de que Rusia fuera capaz de reformarse tras la caída del comunismo.

Una duda que se vio reflejada en la cultura popular. Desde 1991, Hollywood documentó la desconfianza estadounidense hacia la Rusia post-soviética en una serie de películas (por ejemplo, El santo, Air Force One, La brújula dorada de 2006, Salt y The November Man). La prepotente política exterior del presidente ruso Vladímir Putin dio la razón a los rusófobos, así que la nominación de Leviatán (una extraordinaria biopsia del régimen putinista) parecía lógica.

Y aunque el Óscar no fue para Leviatán, la película recibió muchos premios, todos merecidos. Dirigida por Andréi Zviagintsev, tiene un estilo espeluznante, que podríamos denominar “realismo de la desesperación”, y es épica y a la vez muy sutil. El título es una alusión al libro de Job y nos recuerda Moby Dick de Herman Melville.