El nuevo status quo del Líbano

BEIRUT – La insurrección armada de Hezbollah en mayo, que afectó a Beirut y otras partes del Líbano, le asestó otro golpe más a las esperanzas de una verdadera soberanía estatal en el país, fortaleciendo a Hezbollah y debilitando al gobierno respaldado por Occidente. Pero también trajo aparejado un nuevo acuerdo, negociado en Doha, Qatar, que dio lugar a una elección presidencial después de un prolongado estancamiento, a la formación de un gobierno de unidad nacional, a una nueva ley electoral y a la reanudación de un diálogo nacional sobre las relaciones entre el Estado y otros actores no estatales, particularmente Hezbollah.

Existe mucha especulación respecto de la motivación detrás de la decisión del gobierno, en el mes de mayo, de despedir al jefe de seguridad aeroportuaria pro-Hezbollah e investigar la red de telecomunicaciones privada de Hezbollah, lo cual desató las confrontaciones. El gobierno había soportado una prolongada presión internacional para cumplir al menos con algunos de sus compromisos internacionales para contener a Hezbollah, y erróneamente calculó que el grupo sólo respondería de una manera acotada. Más importante aún, el gobierno calculó equivocadamente que Hezbollah no se arriesgaría a choques entre chiítas y sunitas en Beirut.

Interrogantes similares rodean a los motivos de Hezbollah para perpetrar una acción en gran escala que amenazó con un conflicto armado sectario y puso en peligro su ventajosa posición moral. Pero Hezbollah, en gran medida, alcanzó sus objetivos. Militarmente, echó por tierra cualquier potencial milicia armada en Beirut occidental que pudiera entorpecer sus movimientos más allá de los suburbios del sur. También aseguró rutas clave al sur y al este de Beirut dominadas anteriormente por el líder druso Walid Junblat, a la vez que reaseguró su acceso al aeropuerto y puertos marítimos de la capital.

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