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Los innovadores frustrados de América Latina

SANTIAGO – Primero apareció un empresario extranjero desilusionado. En diciembre, el inversionista israelí Arnon Kohavi, cuya firma había sido atraída a Chile por un programa de gobierno destinado a promover los nuevos emprendimientos, anunció que se iba. “Un puñado de familias monopólicas controlan el país”, declaró Kohavi a una revista online. “Peor aún, a esas familias no les preocupa otra cosa que su dinero. Pero no tendrían por qué preocuparse: los recursos naturales del país son una desventaja, porque los ricos no necesitan esforzarse”.

Aunque la entrevista causó revuelo en el mundillo de los emprendedores, los medios tradicionales se apresuraron a desestimar las críticas de Kohavi. Pero Kohavi no fue el único. Un mes después, el empresario argentino Martín Varsavski, un gurú en el mundo tecnológico, dijo lo siguiente sobre Chile: “Veo una tendencia a copiar modelos y no a crearlos. Hay una parte del emprendimiento que tiene que ver con la no conformidad. Eso sí que les falta a los chilenos. Es una sociedad muy chica de gente que le da verguenza ser diferente”.

¿Hay algo de cierto en lo que plantean Kohavi y Varsavski? A decir verdad, sospecho que sí. Y lo que dicen no sólo se aplica a Chile, sino a gran parte de América Latina.

El desafío de la región es transformar su enorme riqueza de recursos naturales en el tipo de riqueza que no se agota porque constantemente se incrementa gracias a la creatividad humana. En los últimos años, un auge de los recursos naturales alimentó el crecimiento de la región. A los países ricos en recursos de Sudamérica les fue bien (incluso cuando, como en el caso de Argentina, tuvieron políticas desacertadas). Los países pobres en recursos de América Central y el Caribe se estancaron.