Jon Krause

Los innovadores frustrados de América Latina

SANTIAGO – Primero apareció un empresario extranjero desilusionado. En diciembre, el inversionista israelí Arnon Kohavi, cuya firma había sido atraída a Chile por un programa de gobierno destinado a promover los nuevos emprendimientos, anunció que se iba. “Un puñado de familias monopólicas controlan el país”, declaró Kohavi a una revista online. “Peor aún, a esas familias no les preocupa otra cosa que su dinero. Pero no tendrían por qué preocuparse: los recursos naturales del país son una desventaja, porque los ricos no necesitan esforzarse”.

Aunque la entrevista causó revuelo en el mundillo de los emprendedores, los medios tradicionales se apresuraron a desestimar las críticas de Kohavi. Pero Kohavi no fue el único. Un mes después, el empresario argentino Martín Varsavski, un gurú en el mundo tecnológico, dijo lo siguiente sobre Chile: “Veo una tendencia a copiar modelos y no a crearlos. Hay una parte del emprendimiento que tiene que ver con la no conformidad. Eso sí que les falta a los chilenos. Es una sociedad muy chica de gente que le da verguenza ser diferente”.

¿Hay algo de cierto en lo que plantean Kohavi y Varsavski? A decir verdad, sospecho que sí. Y lo que dicen no sólo se aplica a Chile, sino a gran parte de América Latina.

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