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Las mareas de populismo latinoamericano

CIUDAD DE MÉXICO – Los demagogos y populistas como el candidato presidencial norteamericano Donald Trump y la líder del Frente Nacional de Francia, Marine Le Pen, están incendiando la política occidental. En América Latina, en cambio, los líderes populistas están perdiendo apoyo: Cristina Kirchner de Argentina ha sido desplazada de la presidencia en las últimas elecciones; en Venezuela, los socialistas del presidente Nicolás Maduro sufrieron una derrota resonante en las elecciones parlamentarias; y la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ahora enfrenta la perspectiva de un juicio político. Muchos especulan con que la "marea rosa" de populismo, que empujó a la región hacia la izquierda en los últimos 15 años, ahora se está revirtiendo. ¿Pero es realmente el populismo lo que estos países están rechazando?

Por cierto, los ciudadanos no parecen estar tan impulsados por la ideología como por su frustración frente a los crecientes desafíos económicos, que fueron causados principalmente por una situación sobre la cual sus líderes tienen escaso control: el fin del boom de los commodities que comenzó a principios de este siglo. Cuando ese auge, que estuvo sustentado por el apetito aparentemente insaciable de China de materias primas y alimentos, llegó a su fin en 2012, la caída abrupta de los precios devastó a los exportadores de Latinoamérica.

Brasil, a pesar de su gran mercado doméstico y de su fuerte sector industrial, recibió un duro golpe. La situación fue aún peor para Argentina y Venezuela, que dependen marcadamente de las exportaciones de materias primas -principalmente soja y petróleo- no sólo para financiar las importaciones, sino también como su principal fuente de ingresos gubernamentales. Considerando los enormes programas sociales que habían implementado los gobiernos de estos países, no pasó mucho tiempo antes de que el colapso de los precios se cobrara sus víctimas. Venezuela siguió gastando hasta que el dinero directamente se acabó. Los crecientes déficits de Argentina derivaron en inflación, devaluación y recesión.   

Por supuesto, regímenes con diferentes inclinaciones ideológicas podrían haber tenido diferentes conductas de gasto, lo que potencialmente podría haber amortiguado el golpe del colapso de los precios de las materias primas. En Brasil, en particular, el gasto estuvo fuera de control, aun si el gobierno de Rousseff logró ocultarlo por un tiempo. (Accidentalmente, son los métodos utilizados para ocultarlo los que ahora tienen a Rousseff en jaque).