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La razón y el fin de la pobreza

WASHINGTON, D.C. – El Banco Mundial se ha fijado dos nuevos objetivos: acabar con la pobreza extrema y crónica en el mundo de aquí a 2030 y fomentar la prosperidad compartida, definida mediante los avances del 40 por ciento más pobre de la población en todas las sociedades. Ahora que el Grupo de Trabajo Abierto sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Asamblea General de las Naciones Unidas ha hecho suyo el objetivo antipobreza, el debate sobre cómo lograrlo ha reavivado la vieja pregunta: ¿acabarán los beneficios del crecimiento económico revirtiendo en toda la población por sí solos o harán falta políticas redistributivas específicas?

Por un error en el razonamiento deductivo, muchas personas sostienen la opinión de que el crecimiento bastará; a diferencia de los ideólogos comprometidos, se puede lograr que abandonen su posición. Ésa es la razón por la que el segundo objetivo del Banco Mundial de fomentar la prosperidad compartida es importante por sí mismo y también como complemento esencial para la consecución del objetivo de acabar con la pobreza.

Como el Banco Mundial reconoce que a lo largo de los dos próximos decenios persistirá inevitablemente cierta pobreza “friccional”, su objetivo oficial es el de reducir el porcentaje de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, definido como un consumo diario de menos de 1,25 dólares (en  paridad de poder adquisitivo) por persona, a menos del tres por ciento.

Las investigaciones del Banco Mundial predicen que, si todos los países crecen con las mismas tasas que en los veinte últimos años y sin cambio en la distribución de los ingresos, la pobreza mundial se reducirá hasta el 7,7 por ciento de aquí a 2030, frente al 17,7 por ciento en 2010. Si crecen más rápidamente, con las tasas medias registradas en el decenio de 2000, la tasa de pobreza se reducirá hasta el 5,5 por ciento.