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Esperanza china de altos ingresos

SHANGHÁI – Hay amplio consenso en que el desarrollo económico implica más que el mero crecimiento del PIB. China está aprendiendo ahora que uno no garantiza al otro. A menos que los líderes chinos mejoren la estrategia de crecimiento para estimular el progreso tecnológico y la transformación estructural, la clasificación de altos ingresos continuará eludiendo al país con la segunda mayor economía y la mayor población del mundo.

Ciertamente, la estrategia china de crecimiento –impulsada por la inversión en infraestructura, un masivo aumento de las exportaciones manufactureras de bajo costo, y transferencias de tecnología– ha llevado a cierto cambio estructural. A medida que el trabajo y el capital pasaron de sectores y regiones de baja productividad a actividades más productivas, la asignación de recursos se tornó más eficiente, aumentaron los salarios reales y la estructura económica mejoró.

Pero no se puede depender de las mismas estrategias de crecimiento que llevan a un país pobre a niveles de ingreso medio para alcanzar la clasificación de altos ingresos. De hecho, no son pocos los países cuyos líderes han fracasado a la hora de reconocer las limitaciones de sus estrategias y de proporcionar suficientes incentivos para impulsar la emergencia de una estrategia alternativa, lo que llevó al estancamiento de sus economías y los dejó en la «trampa del ingreso medio».

Tal vez las excepciones más notables a esta regla sean las del este asiático, donde cuatro economías –Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur– respondieron a las crisis y los desafíos externos ajustando sus estrategias de crecimiento. China, cuyo modelo de crecimiento hasta ahora se asemejó al de esas economías antes de que alcanzaran una situación de ingresos medios, necesita urgentemente un cambio similar.