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Un difícil equilibrio para Li

SHANGHÁI – Los economistas y responsables políticos chinos están desconcertados, después de tres años de desaceleración persistente de la economía de su país. Los analistas financieros observan con nerviosismo las cifras de crecimiento del PIB, expectantes por saber si caerá por debajo de 7%, mientras hurgan en las declaraciones oficiales en busca de pistas respecto de si el gobierno actuará y cuándo.

Los altos funcionarios financieros del gobierno no dan ninguna señal de alarma, pero detrás de su tranquilidad aparente, lo cierto es que el liderazgo chino está muy preocupado. Como explicó hace poco Liu Shijin, vicepresidente del Centro de Investigaciones para el Desarrollo, dependiente del Consejo de Estado, el dilema al que se enfrentan las autoridades es que para lanzar otro superplan de estímulo habría que emitir más crédito, y eso sería problemático, porque los gobiernos de nivel local ya están muy endeudados y enfrentan importantes riesgos financieros. Pero una economía demasiado letárgica también plantea riesgos.

Es verdad que el gobierno de China ya estuvo en una situación similar hace diez años. Pero hoy la economía no marcha tan bien como entonces. China necesita soluciones nuevas.

En mayor o menor grado, la economía china lleva largo tiempo oscilando entre breves períodos de alto crecimiento, impulsados por la sobreemisión monetaria y la expansión del crédito convencional, y períodos de contracción, cuando el gobierno interviene para evitar un sobrecalentamiento, hasta que, una vez controlados los riesgos, vuelve a aplicar gradualmente políticas de crecimiento. Este “ciclo de prosperidad” (que fue posible gracias a una abundancia de nuevas oportunidades de inversión que sirvieron para neutralizar la acumulación de deuda y riesgos financieros) permitió a China evitar un aterrizaje forzoso durante muchos años.